La Oveja Negra de la Familia

No sé de donde viene esa forma de referirse a los distintos, pero es tan conocida que todos sabrán de que estoy hablando. Una vez una colega me dijo “soy la mosca blanca”, haciendo alusión a lo mismo. Elijan la que más les guste, este artículo es para nosotros (me incluyo!)
Todo muy lindo cuando decimos que cada persona es diferente, única e irrepetible. Crecemos y nos vamos encontrando con pares, socialmente nos vamos agrupando por ideología, religión, política, gustos, etc y sentimos que pertenecemos, que somos aceptados, que compartimos y crecemos con esas personas.

¿Pero que pasa con nuestras familias de origen? Hay mandatos familiares, creencias, formas de hacer “bien” o “mal” las cosas y pareciera que siempre hay uno que viene a romper el molde. Ahí está la famosísima oveja negra diciendo que las fiestas de este año no las pasa en la casa de la nona con todos los tíos y primos, porque prefiere irse con su pareja y su hija a la costa para celebrarlo a orillas del mar. O aquella mosca blanca con padre y hermanos médicos, que “de repente” le pinta estudiar cine. O el que en familia super religiosa se casa con una atea y no bautiza a sus hijos.

En la mayoría de los casos ocurre que para los padres son una sorpresa dolorosa las decisiones de ese hijo “descarriado” y para ese hijo, requiere un gran esfuerzo poder seguir adelante defendiendo su creencia y su sentir, aún siendo rechazado por su familia.

Justamente volviendo al comienzo, cada ser humano es único. Si sigo como un cobayo sin preguntarme si eso es lo que quiero corro el riesgo de ser infeliz. De seguir por inercia un camino que marco otro, una vida que otro dijo que estaba buenísima y que era lo mejor. Las propuestas de los padres son siempre desde su creencia de lo que es mejor para nosotros. Suelen ser con amor, pero aún así, yo soy el único que sabe lo que es mejor para mí mismo. Y si no lo sé, ahí comienza mi búsqueda. Si no, somos simples multiplicadores y sostenedores de sistemas familiares, culturales y sociales. La conciencia hace que me pregunte si esto para mi está bueno o no, si es lo que yo elijo.

Les deseo que sean libres, que repitan lo menos posible, que sanen y creen sus propias historias, viajes, amores, carreras exóticas o no, pero sobre todo felices.

Paula Santiago 
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
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