La Rueda del Año, Solsticio de Verano / Invierno

La Rueda del Año, Solsticio de Verano en  Hemisferio Norte – 21 de Junio

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La Rueda del Año nos señala el paso de la Madre Sol, entrando al Solsticio de Junio.
La Madre Sol alcanza el punto más alejado del Ecuador. La palabra solsticio se deriva del latín sol (‘Sol’) y sístere (‘permanecer quieto’), porque el sol sale y se pone en el mismo lugar por unos días.
Es el comienzo “oficial” del Verano en el Hemisferio Norte y evoca los días más largos del año, cuando el calor se derrama sobre la tierra y disfrutamos los frutos de la Tierra
Para mi Tradición es el momento de Plenitud y de Adultez.
Es el punto intermedio entre Beltane y Lammas (Midsummer).
La Diosa Sol, nos ofrece el día más largo, el período más luminoso, las frutas más deliciosas y las flores más coloridas. Tiempo de fertilidad y de “cosechar”.
Es interesante saber que, para nuestros antepasados paganos, no era el
primer día del verano, sino el principio del fin del verano. Luego de alcanzar este momento, la Madre Sol, empieza a regresar, muy, muy lentamente al Hemisferio Sur.
El solsticio de verano era en muchos lugares, el momento de la primera cosecha y por lo tanto implicaba un gran festejo.
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La Rueda del Año, Solsticio de Invierno en Hemisferio Sur – 21 de Junio

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La palabra solsticio se deriva del latín sol (‘Sol’) y sístere (‘permanecer quieto’), porque el sol sale y se pone en el mismo lugar por unos días.
Este momento “estacionario” sugiere un aquietamiento, un tiempo de espera.
Un periodo propicio para ir a nuestro interior, para hacer una pausa y reflexionar.
Aquí en el hemisferio sur, esta es la noche más larga y el día más corto del año.
A partir de este día en adelante, los días se hacen más largos.
Este fenómeno es un resultado directo de la relación Tierra-Sol.
En el solsticio de invierno, el Sol está en su punto más bajo: la noche más larga, el descenso más profundo en la oscuridad, y un giro subsiguiente del ciclo, un retorno a la Luz.
Por lo tanto, después de la pausa, un movimiento hacia el renacimiento, señala el retorno y renovación de la fuerza de la vida.
La Luz comienza a crecer de nuevo. Es por esto que muchísimas culturas, desde hace mucho tiempo, han celebrado este momento en una u otra manera.
A fin de salvaguardar el Fuego Sagrado de la Vida, manteniendo la esperanza, reconociendo el poder de renovación de la Naturaleza.
Celebrando para asegurar el retorno de nuestra estrella de la mañana, la Madre Sol.
Aquehua, Amaterasu, Arinna, Sunna, Shemesh y Beiwe  comienzan su viaje en el cielo llevando la promesa de fertilidad, que nos permite esperar confiados en el regreso de su Luz y Calor.
Por debajo de la Tierra, las raíces conservan la promesa de las futuras ramas.
La Osa Soñadora en su cueva se dispone a soñar su Universo. Así, de a poquito, atravesaremos el Invierno, caminando hacia la primavera.
Cómo una nueva mañana en nuestra vida, dónde tal vez, veamos florecer nuestros pimpollos, acariciados por la Madre Sol.
¿Muchos me han preguntado… cómo es esto de una “Diosa Sol”?
Ha sido tan difundido esto de “dios sol” y “diosa luna”, que a muchos les parece difícil pensar en una Diosa Sol.
O reconocer la “sol-aridad” en las mujeres .
Uno de los aspectos más preciados de la Diosa primordial, el solar, fue apropiado por las culturas patriarcales.
Y este aspecto fue atribuido a un dios o a un héroe.
Sincrónicamente, este aspecto yang, comenzó a ser visto como atributo exclusivamente masculino.
Así, los aspectos solares de la Diosa, comenzaron a ser ocultados y traspasados.
Ni hablar de heroínas solares…Con el avance del monoteísmo, la iglesia en Roma “establece” la Natividad de Jesús, durante la misma época que los Festivales paganos europeos.
El Festival del Nacimiento del Sol Invicto (Dies Natalis Solis Invicti) se celebraba cuando la luz del día aumentaba después del solsticio de invierno en el Hemisferio Norte, en alusión al “renacimiento” del sol.
Este Festival corría desde el 22 al 25 de diciembre.
El nacimiento de Cristo ocupa el lugar de otros dioses solares: Mitra, Dionisos Lenaio, Helios…
De allí que nosotros festejamos Navidad en verano, con nieve falsa y con un Papa Noel, a punto de sufrir un golpe de calor. Y no hace mucho, en las escuelas de Buenos Aires, no se hablaba del Inti Raymi (en quechua ‘fiesta del Sol’) que es una antigua ceremonia religiosa andina en honor al Inti (el padre sol), que se realizaba cada solsticio de invierno en los Andes.
Esta celebración fue suprimida por la iglesia católica, difundiendo la fiesta de San Juan, ligada al verano del Hemisferio Norte.
También es interesante observar, como desde antiguo, el estar en contacto con los ciclos y celebrar los rituales en ceremonias comunitarias, ayudaba a la salud de todo el grupo social.
La falta de luz solar en los cortos días del invierno aumenta la secreción de melatonina en el cuerpo, empujando el ritmo circadiano de sueño a uno más largo.
Ejercicio y terapia de luz pueden revitalizar el cuerpo en el invierno y aliviar la apatía por la disminución de la secreción de melatonina, el aumento de la serotonina y la creación de un patrón de sueño temporal.
Los Festivales y celebraciones en la noche más larga del año, a menudo con uso decorativo de ramas de árboles perennes, brillante iluminación por fogatas, grandes fuegos artificiales, fiestas, la comunión con el prójimo, y por la noche, un esfuerzo físico por el baile y el canto son ejemplos de terapias culturales de invierno que han evolucionado como tradiciones desde el comienzo de la civilización.
Estas tradiciones pueden, evitar el malestar, reiniciar el reloj interno y reavivar el espíritu humano.
Te propongo entonces, reflexionar sobre estos significados, sobre creencias impuestas, sobre los ciclos de la Tierra y de los Astros. Y nuestra relación con Ellos.
Pero por sobre todo: tu “sol-aridad”, tu poder de creación, tu brillo, tu capacidad de recorrer el camino hacia la individuación. Sin perder tu centro, ni tu polaridad Yin.
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¡Bendiciones de la Madre Sol!!

Mónica Gobbin
www.sanaciondelalma.com.ar

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